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2 jul 2015

"¿Y si...?"

Gandhi, el Dalái Lama, Suzanne Powell, e incluso quien a simple vista puede ser y parecer un idiota, tienen muchas cosas en común. Entre ellas, el hecho de saber que pensar en los "¿y si...?" es inútil y poco sano. Lógica y espiritualmente está mal, lo sé. Pero en eso he gastado el tiempo de estos últimos días... "¿y si...?", como si eso me fuese a iluminar la mente de pronto.

Estoy bastante existencialista. También arrepentida de algunas decisiones. Me flagelo porque sé que he tenido tiempo para tomar no sé si mejores, pero sí más acertadas elecciones. Nunca debí, por ejemplo, permitir que me gritaran ni me pisotearan los sueños. Tampoco renunciar. Ni decir que no cuando era sí. Nunca debí dejar ir algunas cosas y personas si las quería en mi vida. No debí sonreír si la sangre me hervía por alguna injusticia.

Pero es que trato de derrumbar los patrones que yo misma he trazado y he calcado una y otra vez. Quería hacer las cosas diferentes; cambiar el rumbo de mi vida y decir "no, ya maduré". El problema es que hoy me pesa todo en el cerebro. Y en el corazón. Porque no he sabido perdonarme... y me pregunto si lo haré en algún punto. O si es un peo de la edad y esas cosas que las sociedades repiten como robots. 

19 dic 2013

Random

Esa pared está sucia. Al igual que el escritorio y el piso, que parece haber salido de una película mala o una construcción a medio camino. Me parece mediocre convivir en un ambiente así. La gente debería preocuparse más por sus espacios, si pasa en ellos la mayor parte del tiempo. Por eso las maestras siempre arreglan sus aulas.

Bueno, te decía que todo está sucio y deteriorado y a nadie parece importarle. De hecho, estoy viendo una telaraña. Asco. Y huecos en la pared. Incluso, veo huellas de zapatos en (casi) el techo; dime tú quién coño sube las patas hasta allá y deja su rastro presente.

Los cuadros están torcidos y eso me hace demasiado ruido; casi puedo escucharlos rogarme que ¡PORFA! los acomode. Listo. Pero se volvieron a mover. Qué terquedad, myfriend.

Aun así, me gusta este lugar. Huele a información, huele a sabiduría y a improvisación. Ni moso. Me gusta el ruido de la computadora y el cantar de los pajaritos todo el día. Siempre pienso que están echando cuentos unos a otros.

Huele a tierra mojada y es la lluvia que se anuncia. Mejor vamos a guardarnos ya.

27 oct 2011

¡Ay, Merlín!

Antes de comenzar el semestre, hice el curso de Inducción a los Estudios Superiores en la UCAB; una de las tareas que me asignaron en él fue escribirle una carta a Merlín desde el año 2019 (click aquí para leerla).
Bien.
Escribí la carta y la envié a Merlín quien, al leerla, decidió venir al presente a tomarse un café conmigo porque le pareció increíble lo que en ella había. 
Me llamó y pasó por mi casa buscándome en su pegaso (a mí no me vean así; en serio Merlín tiene un pegaso)... Subimos a él y comenzamos a volar. Cuando nos saludamos, me regaló una cámara instantánea y sólo me dijo "Es lo único que vas a necesitar"... Yo no entendía nada y seguí mirando todo desde arriba cuando, de repente, Merlín me empujó y caí en lo que, en el momento supuse, era una isla:

Aterrada y llorando comencé a caminar y me metí en una cueva en la que había unos murciélagos horribles a los que alcancé a hacerles una foto y salí corriendo.
Llegué al oeste de la isla y en él encontré unos indígenas espantosos que no se sensibilizaron al verme llorar   y caminar sin rumbo. Por eso tuve que salir corriendo al otro lado y allí encontré a otro grupo de indígenas, pero ahora amables y bondadosos. Me pidieron ayuda para comunicarse con los del otro lado, y les di una solución por lo que, en agradecimiento, me dijeron qué camino podía seguir para, probablemente, encontrar al infame Merlín.
Pues bien, caminé hacia donde me indicaron y en el recorrido encontré la UCAB... Estoy parada y desde aquí veo la radio. Y me gusta.
Finalmente, y para mi suerte, encontré esta computadora (¡con internet, gracias al cielo!) y estoy escribiéndole esta otra carta a Merlín para que no venga todavía, porque aquí me gusta mucho más.

31 ene 2011

Real e inequívoco

Me gusta crearte besándome, inmortales en un porta retratos negro; yo sonriendo y tú riéndote de lo que dijimos justo en el click de la cámara. Me gusta crearte e imaginarte, sabiendo ya de tu presencia real e inequívoca.
He pensado en nuestro encuentro -más que real- en un sitio frío. Me gusta imaginarte sentado, de espalda a mí, leyendo un libro en el que no logras concentrarte, y del que tampoco entiendes un pasticho... Esperándome, eso sí.
Me imagino sorprendiéndote con un beso en la nuca. Un fuerte beso. El mismo que he querido darte en esos -futuros- 12 meses.
Me gusta imaginar el rostro y la mirada que tendrás en nuestro momento. Ese rostro que solo puedo permitirme mantener en probabilidad, porque quiero que me sorprenda.
Me gusta como todas las noches (siempre en las noches, en perfecta y sana paz) juego a imaginarnos, representándome acariciando tu pelo y susurrando alguna cursilería en tu oreja.
Me tomo siempre la libertad de imaginar tu olor, y refrescarme con él cuando despierto.
Me gusta porque sé que este momento llegará; real e inequívoco.