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30 may 2012

El planeta que ella decida elegir

Un día miércoles vio a Andrea nacer. Y con ella su testarudez, su terquedad y su atravesada personalidad. Así, como un miércoles a las 9:20 a.m.
Cualquiera podría creer ver en Andrea a una chica amargada, infeliz y ordinaria; una típica adolescente intentando ser adulta. Pero la realidad es otra. Ella es una chica impaciente, pero siempre leal. Ella es una chica desordenada, pero siempre objetiva. Ella es una chica egoísta, pero siempre puntual. Ella es una chica constante, pero capaz de cambiar sus planes y evolucionar. Ella es lo que es, con su esencia, con sus arranques y con sus ganas de comerse el mundo.
Andrea, la del blog, la que quiere "locutar", la de las indecisiones, la de los porqués, la de los puntos y aparte. Andrea, la niña que quería estudiar Odontología con el alma, con toda su pasión; la misma que ahora le escribe cartas a Merlín y confía en su lectura.
Han pasado 20 años desde que Andrea llegó al mundo, ¡y todavía no se le da el temita de ser mujer! Las hormonas la superan siempre, no comprende el ciclo menstrual y lo único que sabe hacer es escribir sobre ella. Problemitas de ego, ustedes saben.
Su mejor amiga es su mamá, una doña de cuarenta y tantos que no sabe si es calor o "vaporón de señoras". Una mujer a quien Andrea describe como una señora hermosa, como los grandes Benedetti y García Márquez describen a las mujeres resteadas y un tanto desquiciadas.
Un día abrió los ojos y sintió no ser quien creía ser. Se levantó, se vio al espejo y no entendió. Descubrió que su color favorito no era el verde pistacho, sino el azul. Cambió su closet porque descubrió que no combinarse la ropa es más cool. Comenzó a frecuentar bares que ni en sueños habría pisado. Se fijó en los tipos desaliñados que siempre descartó. Hasta aprendió a balancear tolerancia + humildad, y aunque nunca ha sido buena en matemáticas, en esta materia se sacó mínimo un 18.
Si alguien le pidiese a Andrea un consejo, ella sabría perfectamente cuál dar, pero cuando se trata de ella misma, se vuelve una maraña y se pierde entre sus letras. Esas mismas letras que tanto disfruta, que tanto cuida y respeta.
"Nosotros, que comprendemos la vida, nos burlamos de los números". Esa es, a su juicio, la mejor frase de su libro favorito, El Principito. Por eso, estará tatuada en su muñeca izquierda, junto a uno de los planetas; el que ella decida elegir.

Este fue uno de mis ejercicios para Redacción I. Lo escribo aquí porque me parece lindo ligar ambos 'mundos'.

2 mar 2010

Cero perfección

Para ese momento quiero sinceridad e inocencia. Quiero que seas como un niño, pero con mentalidad de adulto, que sabe mucho y es responsable de -al menos- la mitad de lo que hace. Quiero que entiendas que nunca seré la mujer perfecta, porque no tengo intenciones de serlo, ni que lo seas. Quiero que estés nervioso y me lo demuestres, porque adoro cuando eres tú. Tendrás la mejor de tus sonrisas, porque es nuestro momento. Quiero que sea un momento de hacer.
Yo no quiero esa perfección que quieres tú. Yo no quiero cosas caras, ni cenas lujosas.
Ese día no me vas a prometer nada, porque no necesito que lo hagas. De tí quiero lo que hay, no lo que habrá. Porque eso me lo ganaré step by step.
Yo no quiero fuegos artificiales, ni globos importados. Yo no quiero saber que ese momento es ese momento.
Quiero que seas verdad y hechos. Quiero que te rías de tí mismo. Quiero que me regales el mejor de los besos.
Yo no quiero eso que quieres, pero te quiero a tí.